miércoles, 19 de octubre de 2016

5. ABUELAS y OTROS PARIENTES




Se ha puesto la radio en marcha. Pido permiso a todos los músculos orbiculares de mi cara para poder abrir los ojos. No responden, están por otras labores. Mi sentido del olfato y Joan se despiertan de golpe: ¡Café! –mi madre, pienso.

Me levanto sin demasiadas ganas y voy hacia la cocina. Son las 6:15 de la mañana. Me la encuentro perfectamente peinada y acicalada como para salir a la calle. 

- Buenos días mamá –le digo. Entra Joan en la cocina.
- Hola Joan! –contesta mi madre.

Pienso, -¿y yo? ¿No estoy? ¡Vale!, quizá se ha quedado sorda de repente y no oye mi melodiosa y aguda voz. Hay quien no oye bien los agudos, ¿no? 

- ¡Caray! ¡Me ha preparado café! –dice Joan riendo. 
-Sí, esta cafetera se estropeará de no utilizarla. Con esa máquina tan moderna ya no tomáis café como Dios manda –me mira, la compré yo en contra de su opinión. 
- Ah hija, por cierto.. Anoche no pusiste el lavavajillas y está todo sucio. He tenido que fregar unos vasos para el desayuno de los niños.

No replico, Joan calla. Es tarea suya.

Vuelvo a mi habitación y me quito el pijama. Voy hacia la ducha. Un buen remojón me irá bien.

Al cabo de cinco minutos estoy fuera, con la toalla alrededor de la cabeza. Joan me sustituye en el lavabo. 

-¡Niños! ¡Fuera de la cama! –me sitúo en el centro del distribuidor desde donde puedo ver ambas camas.

Vuelvo a mi habitación para hacer la cama. Viene mi madre. 

- ¿Dónde guardas las galletas de los niños? –me pregunta. 
- En el armario donde están el café instantáneo y el azúcar. 
-¡Un sitio totalmente ilógico! ¿Por qué no las tienes en la alacena? –sale sin esperar mi respuesta. Le hubiera querido decir que ella en su casa las guarda en el mismo sitio. Da igual.

Acabo de hacer la cama y ninguno de los críos se ha levantado. 

- ¡Va, Andreu! Después correrás... –Le digo suavemente. 
- ¡Qué pesada que eres! –Me contesta. 
-¡Déjalo dormir unos minutos más! ¡Todavía es temprano! –dice mi madre tras de mí.

"¿De dónde ha salido?" –me pregunto.

La niña sale de su habitación camino del baño de los críos. 

- Buenos días Anna –le digo. ¿Un besito?

Sus pupilas verdes me atraviesan. 

- Buenos días abuela –contesta. 
- Buenos días, reina. ¿Cómo ha dormido mi princesa? 
- Muy bien, yaya besitos –es el apelativo que utiliza mi hija para referirse a mi madre.

Entra en el baño.

Andreu sale de la cama renegando. Le da un beso a la abuela. 

- ¿Los dos baños ocupados? ¿Y para eso tanta prisa? –Me fulmina con la mirada. 
- Ve vistiéndote –le contesto.

De momento ningún beso para mí. ¿Tendré escarlatina y no me habré dado cuenta? ¡Voy a secarme el pelo!

Las 6:55. Está claro que Joan se ha caído por uno de los numerosos agujeros que hay en el baño...

7:10 h. Todos a la mesa para desayunar. Cedo mi sitio a mi madre. La mesa de la cocina es de cuatro plazas. Tomo el cortado de pie, delante de la agüera. Los críos y Joan bromean con la abuela.

Suena el timbre de la calle. ¿Quién es a estas horas? –pienso. 

- ¡Enriqueta! (la madre de Joan) –dice mi madre con una sonrisa de oreja a oreja.

Salgo a abrir la puerta de casa. Cerrada con llave. Voy hacia mi habitación a buscarla. Suena el timbre insistentemente. ¡Ya voy! –pienso. Cuando vuelvo ya ha entrado. Llevaba llave de casa. 

- ¡Hija! ¡Podrías tener las llaves más a mano! ¡Vaya manera de hacer esperar a la gente! Cada día estás más despistada –obviamente ésta es mi madre. 
- Sí, últimamente no anda muy fina –le contesta Enriqueta. 
-Mamá, ¿ayer tampoco me compraste el bloc de dibujo? –comenta mi hija. Quería haberle contestado que el bloc es tan especial que lo he tenido que encargar y lo tendrán hoy, pero sale corriendo de la cocina. 
-Y a mí no me has comprado la tarjeta de metro –dice Andreu. Quiero contestarle que siempre se la compra él (¿qué sé yo cuándo la termina?), pero ¿cómo no?, sale de la cocina.

Dejo a las dos abuelas en la cocina y ¡voy a secarme el pelo otra vez!

Al salir encuentro a mi madre y a Enriqueta arreglando las camas de los niños. 

- ¿Qué hacéis? –pregunto. 
- Las camas. ¿No lo ves? –mi madre. 
-Tu hija es como un sargento, obliga a los niños a hacerse las camas –Enriqueta. 
-¡A ver si te arreglas un poco el pelo, que lo llevas hecho una “frasca” y píntate las uñas! –mi madre.

Voy a mi habitación, no sé si volver a secarme el pelo o cometer un delito. Joan se pone la americana y se recoloca la corbata. Tiene cita con un galerista.

Ahora caigo. Yo pido día libre para estar con mi madre. Pero él que trabaja en casa … ha invitado a la suya y ¡se marcha!

Los críos cogen las mochilas y salen de casa con Joan para coger el autobús. Corren porque es tarde. Ningún beso.

Me quedo con las dos abuelas de mis hijos. 

- Hija, he hablado con Joan y me ha convencido para quedarme con vosotros lo que queda del mes –me dice mi madre (hoy es día 2 de mayo).


- ¡¡Fantástico mamá!!  –creo que todavía llevo el pelo muy mojado...